Por Mons. Casimiro López Lorente el 14 de abril de 2012
Mons. Casimiro López Llorente
Queridos diocesanos:
Los centros educativos abrirán en breve el periodo de inscripción de los alumnos para el próximo curso escolar. Recuerdo, una vez más, a los padres católicos que son ellos quienes han de pedir expresamente la inscripción de sus hijos a la asignatura de religión y moral católica. Son ellos quienes han de hacerlo; es un derecho que les asiste. Pero además es su responsabilidad de padres católicos. Ellos son los primeros educadores de sus hijos, también de su formación cristiana y de su educación en la fe y desde la fe. A ello se comprometieron ante la Iglesia y ante sus hijos, cuando pidieron el bautismo para sus hijos.
Cierto que los padres no tienen fácil ejercer este derecho que les asiste a la hora de inscribir a sus hijos a la clase de religión. La misma legislación ha venido poniendo trabas a la clase de religión al no equipararla al resto de las asignaturas fundamentales como está acordado con la Santa Sede, para concretar el derecho constitucional de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones religiosas. Además es clara la discriminación que sufren los alumnos que cursan esta asignatura cuando no existe una verdadera alternativa a la clase de religión para el resto de los alumnos; una discriminación que aumenta cuando la clase de Religión se pone al comienzo o al final del horario escolar. Según me indican los mismos padres y alumnos, en algún colegio público se intenta disuadir a los padres que piden religión para sus hijos y existen profesores que se mofan de ellos porque cursan esta asignatura. Ante esta situación antidemocrática, sacerdotes, profesores de religión y profesores cristianos, catequistas hemos de ayudar a los padres católicos para que valoren la clase de religión y no se dejen amedrentar por los intentos de que sus hijos no reciban formación religiosa en la escuela o por la facilidad de tener una asignatura menos.
Todos hemos de trabajar para que los padres católicos puedan ejercer su responsabilidad de educar a sus hijos en la fe cristiana; y también para que sus hijos reciban la formación religiosa en la escuela, sin limitaciones y sin coacciones de distinto tipo. No olvidemos que la formación religiosa se realiza por diversos cauces, entre los que destacan la familia, la parroquia y la escuela; todos ellos tienen objetivos y medios diferentes. Y todas son necesarias.